Del arqueólogo a la sala de un museo

Jordi Pascual Museo de la Prehistoria en Valencia

 

La cueva del Parpalló en Gandía es un gran vestigio de la prehistoria en la península ibérica. En su interior un montón de tabletas de madera dibujadas esconden 16.000 años de historia. Se trata de un patrimonio historiográfico tan importante como enigmático ya que se depositaban sin una periodicidad fija y con una diferencia entre la nueva y la precedente de más de 200 años en algunos casos, lo que despierta la duda sobre cómo se transmitió aquel ritual.

 

Ahora, sin embargo, las tabletas ya no están en la cueva y han sido musealizadas porque la cronología enterrada que representaba la cueva pueda ser visitable. Transformar aquel vestigio del pasado en una exposición visitable para el público en general ha sido el gran reto de Leve. Siguiendo el modelo del Museo del Oro de México donde de la abundancia se hace virtud, se ha decidido poner todas las placas al final de la exposición en unas vitrinas que simulan archivadores de un archivo de museo. Una composición que a simple vista da la idea de grandeza de aquel hallazgo pero que, de cerca, se puede repasar de manera individualizada. Además, están en orden, como si la cueva se hubiera situado en horizontal.

 

 

Si bien, para poder poner el contexto correspondiente, la exposición comienza con una sala de acceso donde con carteles y pantallas informativas se explica la dificultad arqueológica de excavar en la cueva del Parpalló, se marca el contexto histórico y se explica, al mismo tiempo, la evolución histórica del yacimiento. Es una primera toma de contacto que, con mapas e imágenes, permite que el visitante se haga una idea de cómo era la vida prehistórica en el territorio que actualmente ocupan las comarcas centrales del País Valenciano.


La parte central de la muestra toma algunos de los elementos del hallazgo y los pone sobre plataformas en forma de mesas de trabajo en que se explica quién poblaba aquellos lugares en la prehistoria. Para ello, también se introduce la reproducción de dos homínidos, un homo sapiens y un neandertal como muestra de la evolución.

 

De esta forma, con tres espacios, jugando con el orden del hallazgo y la labor realizada por los arqueólogos, se intenta dar a los visitantes una visión completa de lo que significan las tablillas del Parpalló. La exposición en sí tiene un componente cronológico indudable y la distribución de elementos que permite dar a entender que el trabajo historiográfico sobre el asunto no ha terminado y que, de hecho, sólo se tienen unas pocas muestras de lo que supusieron 16.000 años de historia.

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