«El Señor y la Señora» cuento inspirado en la casa Florestana del pasaje gladiol

Elisabet Beltran Vivienda en el Pasaje Gladiol

El señor y la señora vivían en La Floresta

En una casa en medio del bosque

Ya hacía tiempo que eran grandes y los hijos habían marchado

Y ellos vivían tranquilos y felices en su casa en medio del bosque

Sin hacer mucha cosa, disfrutando de los pequeños detalles de cada día

Se amaban mucho, con todo el amor acumulado de tantos años juntos

 

Ese día la noche era oscura, pero nada la hacía especial

Era como muchas de esas noches en medio de La Floresta

Ambos se acostaron a la misma hora y se hicieron un beso de buenas noches

Justo cuando cerraban los ojos se oyó un ruido muy fuerte, como una ráfaga infinita de viento

Como si pasara un demonio junto a su lado, a su mismo jardín repleto de árboles frutales

Él curioso dijo que iría a ver qué pasaba

Pero ella angustiada le pidió que se quedara en la cama

El caso es que subió la persiana, abrió el balcón y salió al jardín

 

En ese mismo momento el ruido se hizo tan grande que parecía que mil demonios pasaran corriendo, rugiendo y haciendo temblar el suelo como si pesaran un millar de toneladas

No era ningún demonio, eran los jabalíes que despertaban con la primavera, con los olores, las flores y el nuevo renacer

Después no se oyó ningún otro ruido, silencio profundo

La señora gritó, aún dentro de la cama pero no oyó ninguna respuesta

El cielo era mudo

El contraste era grande y la angustia infinita

Al final salió de la cama y fue hacia el jardín

Se encontró el señor tendido en el suelo, aplastado, pisado, inexistente

Ya no había señor, solo un grito enorme desconsolado y un dolor inmenso.

La señiora no sabía qué hacer, no sabía cómo vivir sin el señor

Al final, sin pensarlo, comenzó a hacer un agujero más profundo que su propia pena

Allí mismo, una vez terminó, metió el señor y le hizo un beso

No se veía capaz de que alguien se lo llevara lejos de su casa

Queria saber que estarían juntos a pesar del destino que llevó esa noche oscura

Éste era su consuelo, saber que él estaría a su lado

Cada noche le daba las buenas noches y cada día le daba los buenos días

Y así pasaron los días, muchos días, muchos días

Un verano, un otoño, un invierno y una nueva primavera

Erahora de regar el jardín

 

Entonces descubrió que un nuevo árbol brotaba

Lo miraba curiosa

Cada día se hacía más grande y más fuerte

Tuvo un florecer excepcional, eran flores que nunca se habían visto antes

Y con el verano llegó el momento de los frutos que parecían brotar con una fuerza sobrenatural

La forma no era conocida y cada día ella observaba el árbol, incluso con cierta preocupación

 

Una mañana al abrir la ventana vió que estaba todo lleno de una fruta ya hecha, ya completa

Se acercó, se acercó y se acercó

La sorpresa

Aquel árbol estaba lleno de una fruta que no era fruta, o tal vez sí

Estaba todo lleno de pequeños señores tal como él había sido, pero sin voz ni movimiento

Quizás si que era una fruta, una nueva fruta

Ella sonrió y sintió que la invadía una felicidad nunca imaginada

Recogió la fruta, con delicadeza y mucho amor

La peló, la coció, la azucaró e hizo una mermelada deliciosa, para chuparse los dedos

Y así por el resto de su vida feliz, aunque ya no podía desayuno con su amado señor tal y como había hecho hasta la primavera anterior…

Desde esta nueva primavera sí que se lo podía desayunar.

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