La obra pública a examen

Francesc Pla Calle Ene-ciento-50

Ni en broma escribiré cuando se me haya pasado. De hecho, siempre que espero a que se me pase el cabreo se me pasa la razón.

 

Hace un año, perdimos un concurso para hacer un museo de prehistoria precioso porque el que quedó quinto en la puntuación de calidad, la que un jurado otorga a una idea, fue mil quinientos euros más barato que nosotros en la oferta de honorarios. Parece imposible, ¿verdad? Pues no. Las cosas van así.

 

Hace dos, ganamos por centésimas una pasarela sobre una autopista porque el que quedó segundo en idea había apurado su oferta de tal manera que tuvieron que recurrir a los decimales para hacer ganar nuestra propuesta preferida del jurado. Por los pelos.

Hoy, el destino ha venido de nuevo a nuestro encuentro y Montcada i Reixac no tendrá la urbanización de la carretera N-150 que el jurado ha considerado mejor, sino la que ha sobresalido por tener unos honorarios profesionales más competitivos. Maravilloso.

 

Y ¡ojo! Nuestro equipo ya había hecho una baja del 18% sobre lo que la administración consideraba óptimo como remuneración para pensar, proyectar y responsabilizarse del proyecto. Es decir, el que ha ganado (35% de baja) todavía ha considerado que puede trabajar por menos y ha sido recompensado.

 

Un equipo cojonudo y una propuesta preciosa en el cajón de la estufa de quemar.

 

No vamos bien. Nada bien. Y no hablo de mi equipo, que, al fin y al cabo, va haciendo trabajo y parece que bien valorado. No. Hablo de la cosa que nos rodea.

 

Pensar cómo se reconvierte una carretera que atraviesa una zona urbana para que sea un eje cívico no puede dirimirse por unos pocos miles de euros en una oferta de honorarios. Es absurdo. Dicho de otro modo, podemos caminar por calles, reunirnos en plazas o leer en bibliotecas que podrían haber sido mejores, pero por un porcentaje ridículo entre honorarios profesionales e ínfimo dentro del coste real que nos cuestan las cosas a los ciudadanos, las obras, tenemos una construcción que los expertos ya dijeron que no era la mejor.

 

Es absurdo. Es absurdo desembarazarse de una obra que los expertos consideran mejor por un dinero. ¿Qué dinero? Vayamos punto por punto. Ganan unos tipos que no valoran su trabajo. ¿Queremos que nos construyan las ciudades tipos que precarizan la profesión? ¿Sobre qué revierte trabajar por debajo de la normalidad? ¿Mejora el proyecto? ¿Los sueldos de la gente del equipo? Y lo que debería ser más importante para quien crea en esta religión, ¿asegura un ahorro en la obra final, que es la cantidad que podría importar más?

 

Para los que no estéis familiarizados con estas dinámicas de la obra pública, os quiero resumir brevemente cuán importante es para todos lo que os explico.

 

Otra barbaridad. Para que te juzgue y te puntúe un comité de expertos debes trabajar. Tienes que rellenar papeles de gráficos y escritos justificando tu idea. Hasta aquí prácticamente bien, porque quiero recordar que es casi siempre a riesgo. En cambio, la valoración económica es una cifra. Una cifra que no es necesario acompañar de ninguna justificación. ¿Es esto razonable? ¿No nos debería interesar saber cómo se las ingenia un equipo para hacer un proyecto por un 35% menos del estándar? ¿Lo copia de otro sitio? ¿Allí todo el mundo cobra por debajo de los baremos? ¿Le resulta fácil? ¿No piensa hacer investigación? ¿Destinará el mínimo de los mínimos? ¿Invirtiendo menos en el proyecto garantizamos un mejor resultado? Ya tenéis la respuesta.

 

Las obras públicas nos las deberíamos de tomar en serio. Y las cosas que son fáciles de mejorar, mejorarlas.

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